Claves para hablar de la muerte con los hijos

Claves para hablar de la muerte con los hijos

"Poder llorar la muerte de un ser querido adecuadamente y afrontar la pérdida antes de que se produzca, en el momento en que ocurre y sobre todo después, hace que el niño/a no pueda sentirse culpable, deprimido, enojado o asustado. Cuando ayudamos a nuestros hijos a curarse del dolor que produce la herida emocional más profunda de todas –la muerte de un ser querido -, los estamos dotando de unas capacidades y una comprensión importantes, que le servirán para el resto de sus vidas"

Así lo señala el sicólogo William C. Kroen, autor del libro Como ayudar a los niños a afrontar la pérdida de un ser querido.

Y es que usualmente ante la necesidad de proteger a los niños del dolor que implica la muerte de una persona querida, muchos adultos caen en errores como mentirles o adornar a lo que significa la muerte, o tratar de diluir en otras actividades la situación pasándola a un segundo plano.

Si bien no hay un factor común en la reacción de un niño frente a la muerte, pues esta depende de la edad, las circunstancias externas, la situación y la actitud de los adultos que lo rodean, de acuerdo con expertos en el tema se han identificado tres etapas en las que se da el duelo: Fase de protesta que es cuando el niño espera el regreso del familiar fallecido; etapa de desesperanza, corresponde al momento cuando entra en apatía permanente al sentirse abandonado y  ruptura del vínculo, cuando comienza el regreso a su cotidianidad. 

Como ya mencionamos, la capacidad de un niño para entender la muerte varía dependiendo de la edad del niño. En este sentido hasta los 5 o 6 años de edad, los niños creen que la muerte no trae el fin y esperan que las personas reaparezcan en cualquier momento. Pueden presentar conductas como terrores nocturnos, pataletas y dificultad para dormir.  Se les debe hablar sobre la muerte utilizando  un lenguaje concreto, se les puede decir que morir significa que el cuerpo no funciona y que no volverá a funcionar, no se debe recurrir a explicaciones como que se fueron lejos, se durmieron, pues esto les genera esperanza de un regreso. 

Entre los 6 y 10 años, comienzan a comprender que la muerte es algo definitivo, por lo que se puede recurrir a  explicaciones precisas, simples, claras y honestas sobre lo que ha ocurrido. Pueden presentar interés por conocer más sobre la muerte, los ritos funerarios y es consciente de la tristeza de los demás por lo que puede presentar reacciones de silencio y demostrar sus emociones.

Cuando los niños entran en la adolescencia, empiezan a entender que todos los seres humanos finalmente mueren, independientemente de su comportamiento, sus deseos o lo que sea que intenten hacer. En este sentido tiene comportamientos similares al duelo en un adulto. Puede presentar inicialmente sensación de pesimismo por la vida,  preocupación por el futuro, incluso sobre el sentido de la existencia. Frente al duelo pueden estar en soledad, durmiendo,  salen poco a sus amigos o llegar a la ingesta de alcohol y drogas como gesto de rebeldía. En esta etapa es importante el acompañamiento por parte de la familia.

Lo que es fundamental es que los niños siempre conozcan la verdad para que puedan hacer su proceso de duelo de forma adecuada. En este sentido damos a conocer recomendaciones al respecto: 

  • Hablen de la muerte de forma abierta cuando el tema se haga visible. Si se espera la muerte debido a una enfermedad grave, se debe explicar a l niño que es lo que está pasando y que sucederá después.  Enséñeles sobre las características irreversibles y absolutas de la muerte.
  • Por ningún motivo se les debe mentir o dar explicaciones fantasiosas e incoherentes que solo pueden generar esperanzas o llevar a los niños a que con fantasías llenen los vacíos de información. 
  • Muéstrese abierto a escucharlos y anímelos a que expresen sus sentimientos. Es fundamental generar un entorno familiar afectuoso en el que se sientan acompañados y protegidos.  Este atento a conductas de riesgo en los niños mayores.
  • Permítales participar en los ritos funerarios, no lo asile de estas actividades pues puede generarle angustia, desamparo y hasta culpabilidad.
  • Contáctese con los profesores y trabaje con ellos y el equipo de apoyo del colegio para que el niño pueda retomar su cotidianidad sin mayores dificultades. 
  • Si considera que la situación no le permite a usted orientar a sus hijos, o si ellos presentan tristeza y angustia prolongados, cambios de comportamientos bruscos pérdida de apetito, desinterés general, falta de sueño o malestares físicos inespecíficos, acuda a ayuda profesional. 
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