El alcoholismo en los adolescentes

El alcoholismo en los adolescentes

La necesidad de pertenecer a un grupo social, la vulnerabilidad e inestabilidad generadas por los múltiples cambios que enfrentan los jóvenes en su entrada a la adolescencia, obtener un escape a los problemas, historia familiar de abuso de alcohol, incluso normalizar el consumo de alcohol al interior de la familia, son algunas de las causas que llevan a los adolescentes a iniciar el consumo de alcohol.

El consumo de alcohol en edades tempranas puede llevar a consolidar un grave problema de salud en el adolescente pues no solo de forma inmediata se disminuye la atención, el tiempo de reacción y la capacidad de tomar decisiones, sino que lo hace vulnerable a desarrollar conductas de riesgo además de generar efectos sobre el normal desarrollo del cerebro.

En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece una serie de perjuicios derivados del consumo de alcohol, entre los que destacan:
Fomento de las relaciones sexuales sin protección, lo que acarrea el contagio de enfermedades de transmisión sexual y otros riesgos como el embarazo precoz.
Accidentes de tráfico y tránsito, que representan una de las mayores causas de muerte prematura entre los jóvenes.
Proliferación y desarrollo de la violencia, especialmente de la violencia de género.

Adicionalmente y teniendo en cuenta que aún no se ha alcanzado la etapa adulta y el joven se encuentra en una fase de formación y desarrollo, el alto consumo de alcohol perjudica la evolución normal del cerebro afectando de esta forma las zonas responsables  de la memoria y el aprendizaje, generando dificultades para memorizar a corto plazo, concentrarse y desarrollar tareas específicas, lo que conlleva a problemas en el aprendizaje, a lo que se suman vulnerabilidad a la violencia, pérdida de valores y alteración de la conducta.

Los jóvenes que consumen alcohol de forma excesiva, presentan una serie de cambios tanto físicas como en su comportamiento, cuya temprana identificación es fundamental por parte de los padres para intervenir de forma oportuna. Algunas de las señales son:

  • Físicas: Fatiga, múltiples dolencias físicas, ojos enrojecidos y brillantes, vómito.
  • Emocionales: Cambios en la personalidad y de humor, irritabilidad, baja autoestima, tristeza o depresión, desinterés general en actividades que antes les gustaban, comportamientos irresponsables y arriesgados.
  • Familiares: Riñas frecuentes, desobediencia de las normas, mentiras, aislamiento, secretos excesivos.
  • Escolares: Desinterés por el colegio y los deberes escolares, baja en las calificaciones, ausencias repetidas, problemas de disciplina.
  • Sociales: Problemas con la ley, cambio hacia un estilo poco convencional de vestir o de gustos musicales, tatuajes o piercings excesivos, grupo de amigos privado alejado del entorno familiar y escolar.


Claves para enfrentar la situación

  • En primera instancia recuerde que usted como padre de familia y en general los adultos son modelo d referencia para los niños, por lo tanto si consumen licor en su hogar el niño lo verá como algo normal, permitido y posiblemente comience a probarlo.
  • Hable con su hijo sobre lo que significa consumir alcohol, sensibilícelo frente a los problemas de salud y sociales que puede generar. Lo anterior como medida preventiva. 
  • Si  sospecha que su hijo ya consume alcohol, dele a conocer, en lo posible con evidencias, los daños que puede ocasionarle su consumo, a corto y largo plazo, por mínima que sea la cantidad, así como las consecuencias legales de consumir alcohol a su edad.  Explíquele la diferencia entre consumo moderado y excesivo, enfatizando siempre en que no hay una cantidad de alcohol segura para consumir en temprana edad teniendo en cuenta que el cuerpo del adolescente no ha terminado todavía de desarrollarse y el alcohol afecta en mayor grado.
  • Trate de identificar qué llevó a su hijo a beber. Muchos adolescentes recurren al alcohol como una manera de evadir problemas como desacuerdos familiares, presión escolar, timidez, problemas afectivos, inadaptación escolar, entre otros. Hable con él y hágale ver que no es la forma correcta de gestionar sus emociones. Si lo considera necesario, acuda a especialistas. 
  • Frente a una situación en la que su hijo llega a la casa en estado de ebriedad, apóyelo y sea comprensivo con él sin entrar en recriminaciones. Al día siguiente hablen sobre la situación, indague porqué bebió en exceso, cómo se siente y qué se le ocurre que debería hacer la próxima vez para que la situación no se repita. Es fundamental no entrar en conflictos marcados por gritos, críticas o fuertes reprimendas, pues esto puede llevar a que el niño en situaciones similares no llegue a la casa y decida incluso quedarse en la calle por temor. 
  • Si usted sospecha abuso de alcohol, acuda de inmediato a tratamiento especializado. 
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