El rechazo escolar puede fomentar la agresividad

El rechazo escolar puede fomentar la agresividad

Ser rechazado por los compañeros en el colegio es una de las experiencias más difíciles que un niño puede enfrentar, situación que los puede llevar a adoptar comportamientos agresivos hacia otros niños, como forma de manifestar su molestia ante la exclusión. Sin embargo, no todos los niños se vuelven agresivos, otros se vuelven tímidos y retraídos.

En este sentido es importante que los padres estén atentos a los comportamientos de sus hijos para identificar las causas que pueden generar el rechazo y realizar a tiempo la intervención apropiada. 

Es fundamental que los niños desde su primera infancia aprendan las buenas conductas, como usarlas para su relacionamiento y que sepan identificar las conductas negativas y entiendan lo que puede suceder de adoptarlas.  Aceptar el fracaso, aprender a perder y tolerar la frustración, también son comportamientos que el niño debe aprender desde pequeño, esto le permitirá enfrentar de mejor forma el rechazo y superarlo más fácilmente. 

Si usted detecta que su hijo tiene comportamientos  asociados al rechazo,  es importante que hable con él, escúchelo con atención y muéstrele que lo entiende, no lo compadezca ni le reste importancia a la situación.  Enséñele que fracasar y ser rechazado puede convertirse en aprendizaje, revisen juntos las causas que llevaron a la situación y traten de dar una solución a las mismas, anímelo a buscar nuevas amistades con intereses similares y recuérdele que las personas deben aceptarlo y respetarlo tal como es, al igual que él les debe respeto  

Comportamientos que pueden llevar al rechazo

Como ya mencionamos, cuando un niño es rechazado es importante considerar si él está asumiendo comportamientos o actitudes que generan el mal relacionamiento con sus compañeros y el rechazo. En este sentido es importante tener en cuenta los siguientes comportamientos que pueden generar la situación, así como la forma de intervenirlos:

Agresividad: No respeta ni física ni verbalmente a los demás. 

Intervención: Fomentar un ambiente respetuoso en el hogar, utilizar técnicas de relajación para controlar la agresividad, impulsar la empatía mediante el reconocimiento de los sentimientos ajenos, sensibilizarlo sobre la importancia de las buenas conductas y reforzarlas cuando éstas se presenten. 

Mandón: Da órdenes a todo momento e intenta imponerse sobre otros. 

Intervención: Fomentar la cooperación y el trabajo en equipo mediante el juego, generar un ambiente democrático al interior del hogar, enseñarle la diferencia entre ordenar y sugerir, enseñarle a escuchar y a llegar al consenso. 

Timidez: Pasa desapercibido entre los demás porque no participa en las diversas actividades escolares, es retraido y no le gusta llamar la atención. 

Intervención: Anímelo a practicar actividades en equipo, identifiquen de forma conjunta los intereses que el niño tiene con el resto del grupo para facilitar el contacto, invite a jugar en casa a los compañeros de salón que sean más compatibles con el niño, organice reuniones para jugar con vecinos y amigos cercanos. 

Superioridad: Se siente mejor que los demás y hasta perfecto por su rendimiento escolar y el trato preferencial que tiene por parte de los profesores. No le gusta ayudar a quienes no son buenos como él y por el contrario tiende a discriminarlos. 

Intervención: Promueva reuniones para jugar en casa con sus compañeros proponiendo juegos en los que él no siempre gane, fomente la generosidad, la humildad y el respeto hacia los demás. 

Fanfarrón: Asume actitudes que no tiene para impresionar a los demás y ganar aceptación, puede actuar como bravucón, presumido u ostentoso, pero termina generando el efecto contrario.

Intervención:  Enséñele a aceptarse como es, que entienda que no debe cambiar para ser aceptado, ayúdele a crear vínculos con otros niños haciendo cosas juntos  en diferentes ambientes, enséñele a proponer ideas y a escuchar las ideas de los demás, fomente su autoconfianza e independencia.